Llegar a ser cristiano es el acontecimiento más increíble que ha ocurrido en toda tu vida. Has encontrado paz con tu Creador. ¡Has encontrado vida eterna! Ten la seguridad – Dios nunca te dejará ni te abandonará. Él te ha traído hasta aquí y Él terminará la obra maravillosa que ha iniciado en ti. Dios conoce cada pensamiento, cada una de tus necesidades, cuidados y tus preocupaciones más profundas.

 

Ahora miremos algunas de esas posibles preocupaciones. Primero, la preocupación principal- ¿estás seguro de tu salvación? La Biblia dice “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás”. (2 Pedro 1.10 – RV60), así que repasemos la siguiente “lista” para asegurarnos de que eres salvo verdaderamente:

 

  • ¿Estás consciente de que Dios se hizo carne en la persona de Jesucristo (1 Timoteo 3.16), y que murió por los pecados del mundo?

  • ¿Has venido al Salvador porque has pecado?

  • ¿Te has arrepentido y has puesto tu fe en Jesús?

  • ¿Estás convencido de que Jesús sufrió y murió en la Cruz, y que se levantó de nuevo al tercer día?

 

Dios nos absuelve de la Corte de la Justicia Eterna considerando que Jesucristo pagó nuestra fianza. Su terrible muerte es la que nos “justifica” (nos hace justos ante Dios). La resurrección de Jesucristo fue el sello de aprobación por Dios, del hecho de que Su sangre preciosa fue suficiente para pagar la multa por tu pecado. Piénsalo de esta manera… Has violado la ley y tienes una multa de $50.000. Le dices al juez que estás verdaderamente dolido por tu crimen, pero él contesta, “Así es, debes estarlo, ¡Has roto la ley! Ahora, ¿puedes pagar esta multa?” Él puede perdonarte solamente si la multa es pagada. Si algún otro paga tu multa; entonces, él puede dejarte ir, pero él debe tener “una razón” para poder liberarte.

 

La razón por la que necesitamos un substituto (un salvador) para que pague nuestra “multa” moral, es porque hemos roto la Ley de Dios.

Para ver cuánto hemos infringido esta Ley (los Diez Mandamientos), repasaremos algunos de ellos. ¿Alguna vez has dicho una mentira? ¿Has robado algo? ¿Has deseado sexualmente a otra persona que no sea tu cónyuge? Si contestaste “Sí” a estas preguntas, has admitido que eres un mentiroso, ladrón y adúltero de corazón, y ¡tienes que estar frente a Dios en el Día de Juicio!

 

Si has utilizado Su nombre en vano, entonces eres culpable de “blasfemia” - has substituido el nombre santo de Dios por una palabra de maldición. Quizás has odiado alguien, entonces la Biblia dice que eres un asesino (Mateo 5:22). Has violado la Ley santa de Dios y estás en un GRAN problema. En el Día del Juicio, serás hallado culpable y acabarás en el Infierno. Esa es la razón por la que necesitas del Salvador. El simple hecho de sentirte dolido por tus pecados, o confesarlos a Dios no te ayudará.

 

Debes darle la espalda a tu pecado (arrepentirte) y tu fe debe estar solamente puesta en Jesús. Jesús es el único pago que vale para que Dios te dé misericordia.

 

Si no estás seguro de tu salvación, haz esta oración:

 

“Señor Jesucristo, necesito de tí,
ven a mi vida, me arrepiento de mis pecados, te pido perdón por cada uno de ellos.
Reconozco tu muerte por mí en la Cruz,
te acepto como mi Señor y Salvador,
en el Nombre de Jesucristo. Amén.”

ESTÁS SEGURO?

JESUCRISTO DICE:

“La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”

Hola! somos cristianos que hemos tenido un encuentro personal con Jesucristo y por esta causa nuestras vidas han cambiado, es por esto que te ofrecemos que tu también puedas experimentar un encuentro con Jesucristo y puedas tener una relación viva con un Dios vivo que murió en la cruz por tí para perdón de tus pecados y seas transformado en una persona nueva, te invitamos a formar parte de una gran familia con la que nunca te sentirás sólo. Donde tu y los tuyos podreis crecer en felicidad y paz con Dios. Te esperamos!

 

HOLA!

Llegar a ser cristiano es el acontecimiento más increíble que ha ocurrido en toda tu vida. Has encontrado paz con tu Creador. ¡Has encontrado vida eterna! Ten la seguridad – Dios nunca te dejará ni te abandonará. Él te ha traído hasta aquí y Él terminará la obra maravillosa que ha iniciado en ti. Dios conoce cada pensamiento, cada una de tus necesidades, cuidados y tus preocupaciones más profundas.

 

Ahora miremos algunas de esas posibles preocupaciones. Primero, la preocupación principal- ¿estás seguro de tu salvación? La Biblia dice “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás”. (2 Pedro 1.10 – RV60), así que repasemos la siguiente “lista” para asegurarnos de que eres salvo verdaderamente:

 

  • ¿Estás consciente de que Dios se hizo carne en la persona de Jesucristo (1 Timoteo 3.16), y que murió por los pecados del mundo?

  • ¿Has venido al Salvador porque has pecado?

  • ¿Te has arrepentido y has puesto tu fe en Jesús?

  • ¿Estás convencido de que Jesús sufrió y murió en la Cruz, y que se levantó de nuevo al tercer día?

 

Dios nos absuelve de la Corte de la Justicia Eterna considerando que Jesucristo pagó nuestra fianza. Su terrible muerte es la que nos “justifica” (nos hace justos ante Dios). La resurrección de Jesucristo fue el sello de aprobación por Dios, del hecho de que Su sangre preciosa fue suficiente para pagar la multa por tu pecado. Piénsalo de esta manera… Has violado la ley y tienes una multa de $50.000. Le dices al juez que estás verdaderamente dolido por tu crimen, pero él contesta, “Así es, debes estarlo, ¡Has roto la ley! Ahora, ¿puedes pagar esta multa?” Él puede perdonarte solamente si la multa es pagada. Si algún otro paga tu multa; entonces, él puede dejarte ir, pero él debe tener “una razón” para poder liberarte.

 

La razón por la que necesitamos un substituto (un salvador) para que pague nuestra “multa” moral, es porque hemos roto la Ley de Dios.

Para ver cuánto hemos infringido esta Ley (los Diez Mandamientos), repasaremos algunos de ellos. ¿Alguna vez has dicho una mentira? ¿Has robado algo? ¿Has deseado sexualmente a otra persona que no sea tu cónyuge? Si contestaste “Sí” a estas preguntas, has admitido que eres un mentiroso, ladrón y adúltero de corazón, y ¡tienes que estar frente a Dios en el Día de Juicio!

 

Si has utilizado Su nombre en vano, entonces eres culpable de “blasfemia” - has substituido el nombre santo de Dios por una palabra de maldición. Quizás has odiado alguien, entonces la Biblia dice que eres un asesino (Mateo 5:22). Has violado la Ley santa de Dios y estás en un GRAN problema. En el Día del Juicio, serás hallado culpable y acabarás en el Infierno. Esa es la razón por la que necesitas del Salvador. El simple hecho de sentirte dolido por tus pecados, o confesarlos a Dios no te ayudará.

 

Debes darle la espalda a tu pecado (arrepentirte) y tu fe debe estar solamente puesta en Jesús. Jesús es el único pago que vale para que Dios te dé misericordia.

 

Si no estás seguro de tu salvación, haz esta oración:

 

“Señor Jesucristo, necesito de tí,
ven a mi vida, me arrepiento de mis pecados, te pido perdón por cada uno de ellos.
Reconozco tu muerte por mí en la Cruz,
te acepto como mi Señor y Salvador,
en el Nombre de Jesucristo. Amén.”

Tener una vida cristiana saludable que produzca abundante fruto requiere de disciplina en cuatro aspectos: orar, leer la Biblia, asistir a la iglesia y servir.

El acrónimo HOLA resume las cuatro actividades básicas para mantener tu vida espiritual sana, fuerte y dinámica, que te permita crecer y madurar en fe hasta alcanzar la estatura que Dios quiere para ti.

 

Haz el compromiso de buscarle en estas cuatro áreas:

Hablar: Testificar a otros acerca de lo que Dios ha hecho en tu vida (2 Timoteo 4:1-2).

 

Orar: Ten constante comunión con Dios. Busca tener una relación personal e íntima con Él (Mateo 6:6-7).

 

Leer: Lee, cree y practica las enseñanzas de la Biblia. Descubre las promesas que Dios tiene para ti (Salmo 119:105).

 

Asistir: Únete a nosotros en nuestras reuniones en la iglesia para que juntos alabemos a nuestro Padre y recibamos Su Palabra (Salmo 89:7).

 

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